La gitana de las palabras
María de los Ángeles Pedraza, Auxiliar de la Biblioteca de Suba – Francisco José de Caldas, cumple hoy su sueño de fomentar el conocimiento y la cultura a través de la labor que realiza en BibloRed.
Son las cinco de la mañana y, como en muchos hogares bogotanos, el sonido estridente de un despertador irrumpe en la tranquilidad del hogar de María de los Ángeles Pedraza quien abandona su cama, y en medio de la penumbra, comienza su jornada.
Luego de asegurarse de que sus hijas se levanten temprano, Angelita, como le gusta que la llamen, se dirige a la cocina y escucha las noticias del mundo a través de Javeriana Estéreo, al calor de un tinto. Faltando veinte minutos para las ocho está lista para emprender su camino hacia la Biblioteca Pública de Suba, lugar que desde hace diez años ha sido su hogar.
A simple vista esta jornada no es diferente a la de muchos bogotanos. Lo que hace la especial no es el resultado sino el camino que ha tenido que andar Angelita para poder llegar a ella.

El amor por los libros de esta gitana, como ella misma se describe, se gestó tiempo atrás, cuando en compañía de una profesora de español, y por ‘amor al arte’, decidió empezar una pequeña sala de lectura escolar.
“En ese entonces —recuerda Angelita—, la profe le pedía a sus estudiantes un librito, no importaba de qué ni que estuviera viejito. Lo importante era que hubiera material para ser consultado en la sala de lectura”. A la par con este trabajo, Angelita siempre intentó vincularse al SIMBID, el Sistema Metropolitano de Bibliotecas Públicas del Distrito que fue el antecesor de BibloRed.
No obstante su empeño, los resultados nunca se concretaron. “La vida es muy bonita”, repite constantemente Angelita, “luego de dejar de insistir con el SIMBID me encontré en la Feria del libro de ese año con un stand que llamó mi atención, era el de BibloRed”.
Una mezcla de incredulidad y curiosidad la invadió en ese momento. Al dirigirse al stand se enteró de la nueva red que se estaba tejiendo en la capital. Su dicha no podía ser más: una nueva oportunidad se presentaba frente a sus ojos. La información que obtuvo ese día fue general, pero para ella su importancia trascendía las palabras de la joven.
Este feliz encuentro, sumado a su espíritu gitano, la llevó a continuar su trashumancia, razón por la cual abandonó su papel en la sala de lectura escolar. En ese entonces, Angelita era habitante de la localidad de Suba y en uno de sus paseos se topó con una construcción. Hierro, vigas y concreto se erigían en el lugar donde algunos años atrás una casita verde de una sola planta llevaba con orgullo una insignia de Biblioteca Pública.
Angelita recuerda que “La biblioteca era algo sola en ese entonces. Para poder acceder a los libros tocaba preguntar a las personas encargadas si estaba el libro, se esperaba unos minutos y de un lugar remoto emergían con el pedido. No se podía acceder a la biblioteca como tal, no se podía hacer préstamo externo y casi todos los libros eran textos escolares.
Cuando empezaron las obras, los libros de cuentos y literatura que pertenecían a esa antigua biblioteca fueron enviados a la Gaitana”. La dinámica de trabajadores y materiales de construcción la llevaron a preguntar qué era lo que se estaba construyendo y un obrero, atento a su pregunta, le respondió “es como una nueva biblioteca”.
El 15 de junio de 1999 fue inaugurada la Biblioteca Pública de Suba Francisco José de Caldas. Entre los espectadores se encontraba con una gran sonrisa Angelita, quien luego de una charla con Alicia Otálora, una de las gestoras de BibloRed, pudo alcanzar su sueño: participar en la red de bibliotecas distritales, primero como voluntaria y luego como funcionaria.
Son las ocho en punto de la mañana. No hay más tiempo para remembranzas. Los usuarios llegan y esta gitana comienza su danza por la Sala General. Angelita ha estado vinculada ella casi desde casi el primer día y, por eso, ha logrado obtener un vasto conocimiento de la ubicación de los libros.
Gracias a esto, usuarios de todas las edades se acercan para preguntarle dónde se encuentran diversos ejemplares, a lo cual ella responde de manera rápida y en menos de lo que se imaginan, los lectores tienen en sus manos los textos solicitados.
Su conocimiento de la Sala es tal, que sus compañeros comentan en broma que cuando falte la luz en la biblioteca será preciso poner a Angelita como punto de consulta. “Me gusta tener la colección ordenada para poder atender de manera rápida a la gente —anota—, cuando llego a la Sala, y luego de revisar rápidamente el Diplomatique, comienzo a revisar si los libros están “borrachos”. Una pequeña enderezada y una reubicación hacen posible prestar un buen servicio”.
A pesar de su aprendizaje empírico, Angelita continúa capacitándose y en la actualidad se encuentra estudiando la carrera de Bibliotecología a distancia en la Universidad del Quindío.
Cinco y diez de la tarde. Es hora de partir. Angelita se retira de la biblioteca con la gran sonrisa que la caracteriza. Esta gitana de las palabras ha encontrado un segundo hogar. Y todos en la biblioteca esperamos que este sea finalmente el definitivo.
Por Manuel Fernando Camperos
Promotor de lectura de la Biblioteca Pública de Suba Francisco José de Caldas
La letra con sangre entra
Por María de los Ángeles Pedraza
Llevaba una cartilla que se llamaba “La alegría de leer”.
Tenía la cartilla en una de sus páginas una ilustración acompañada de una frase que siempre me llamó la atención. La ilustración era: un niño con un gorro de orejas de burro, va llorando porque una escoba le está pegando, a pie de la ilustración una frase que dice así: “La letra con sangre entra”.
No he dejado de preguntarme: ¿Qué tiene que ver “La alegría de leer” y “La letra con sangre entra”? ¿Letra y sangre con una alegría de leer? ¿Leer con alegría letra y sangre? ¿Es una alegría leer la letra con sangre? ¿La alegría de leer sangre y letra? ¿La letra sangrando entra cuando hay alegría? ¿Alegría de sangrar cuando se lee? ¿Se lee sangrando de alegría? ¿Se lee alegre sangrando? ¿Leer de alegría sangra? ¿Leer de alegría cuando la letra sangra? ¿La letra sangrando entra con alegría? ¿Cuándo entra la letra la alegría sangra? ¿La letra sangra de alegría cuando se lee? ¿Leer es como una transfusión de sangre y esto causa alegría? ¿Será que leer es como el rojo vivo de la sangre y produce alegría?
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